
Catorce cuadras, una cifra que variaba entre las 70 mil a 100 personas, según las fuentes. Sin embargo, la marcha de hoy (16 de junio) sobrepasó todas las expectativas, tanto de los convocantes como de aquellos que venimos tomándole el pulso a la realidad nacional.
En lo inmediato, podemos decir que este proceso de acenso en la movilización es la re-emergencia de un proceso que ya está abierto hace muchos años, que tomó una fuerza inédita en el 2006, y hoy vuelve al percatarse que las cosas, luego de 5 años, siguen en un estado muy similar, por no decir idéntico, a como estaban. Y tal como era en el 2006, vuelve a pasar que al ser el modelo actual tan rígido y absolutamente incapaz de integrar las diversas demandas y modificarse, para así re-establecer el orden, toda demanda social significativa choca de frente con la estructura en su conjunto, encadenando rápidamente los temas, develado las insuficiencias generales del actual estado de cosas. En términos más simples, tal como entonces, el Estado se muestra kilométricamente distante a la sociedad civil: la brecha es abismante. Tanto la Dictadura como la democracia se han encargado de profundizarla, por lo que no existen canales reales de contención de masas. Al parecer, más allá de los diagnósticos del bloque en el poder, que apuesta a “reponer” la política partidista o a “mejorar” las políticas sociales focalizadas, la capacidad efectiva de dar una verdadera respuesta es nula. Tanto Hidroaysén como la movilización estudiantil son grandes llamados de atención al cómo se han llevado las cosas hasta ahora, y si bien hay un gesto ilusorio de recepcionar lo que acontece, no hay una verdadera voluntad de “integrar-dividir para gobernar”. Tal respuesta sólo podrá venir del reformismo, el cual ya prepara su papel en la desmovilización y de coaptación del movimiento social, bajo las idea claramente burguesas que de “verdadera democracia”, “re-activación de la ciudadanía”, etc.
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Es así, que entre tanta dispersión identitaria, ante la falta de representatividad institucional, el gran ausente sigue siendo la clase trabajadora, organizada como clase. Tal como pasó el 2006, la actividad de los sectores productores de la riqueza es fundamental para enfrentar y dar salidas concretas a las actuales temáticas. La manifestación del 15 de Junio es un precedente importantísimo, donde los trabajadores del Teniente junto a los estudiantes secundarios lograron vincular dos temas que no les son ajenos, sino que responden a desafíos de una misma clase. En nuestra opinión es la identidad de clase la que logra dar transversalidad y unidad de lucha a todo esto que parece como disperso, pero respondiendo a un mismo malestar. De ahí que la participación activa de los trabajadores, únicos capaces de asumir un rol hegemónico, sean tan sentida por lo que apostamos a un bloque capaz de golpear unido y hacerle peso al poder del Estado.
Es por eso que, si bien las actuales direcciones (Confech, CUT, colegio de profesores) se sostienen con la fuerza de la oleada de movilizaciones, todos saben -incluso ellos- que esto sobrepasa con creces sus intenciones, sus capacidades. Que aún sigan a la cabeza es no es razón de que sean, realmente, los que canalicen el descontento, sino que no hay nadie más. Pero este gran influjo de fuerza social, poco a poco, deberá ir dando paso a formas nuevas de organización y de auto-conducción que logren abandonar, realmente, esta viejas estructuras que se han sostenido en el tiempo sólo por el vicio propio de la des-movilización, la falta de participación. He ahí uno de los roles fundamentales de los sectores de intención revolucionaria, los que deberán profundizar sus propuesta para alternativas de poder, no sólo de salidas por medio de los aparatos del Estado que, como ya dijimos, se ven rígidos e inflexibles. Tal panorama nos da una opción real para buscar salidas de masas, desde abajo y denunciando a aquellos que esperan desplazar toda esta fuerza hacia una nueva institucionalidad, fundada en una nueva Constitución. Es ahora, y no mañana, cuando el desarrollo de alternativas de poder se vuelve un tema verosímil y no debemos dejar que la ilusión de buscar salidas en-y-por-medio del Estado nos marquen la pauta.
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